¿Guerra de desgaste entre Estados Unidos e Irán? El conflicto en Oriente Medio entra en un limbo estratégico

Después del fracaso de un segundo intento de diálogo en Islamabad, capital de Pakistán, la relación entre Estados Unidos y la República Islámica de Irán se encuentra en un estado incierto, en un limbo. No es paz, pero tampoco una guerra en toda su dimensión como observabámos semanas atrás en el Golfo Pérsico. Las acciones de ambas naciones indican que han optado por la estrategia de desgaste, una acción que podría provocar grandes cosecuencias en la economía global.

Sí parece que tuvieran una especie de pulseo para ver quién aguanta más. Ahora, Irán se va a perjudicar por el tema de la producción del petróleo y en el caso de Estados Unidos, todo es por el efecto en la economía mundial, pero también es la posición política de Trump porque la gasolina [en su país] sigue en aumento”, explica a El Comercio el internacionalista y profesor de derecho internacional Francisco Belaunde Matossian.

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Esta fotografía, obtenida por AFP de la agencia de noticias iraní Tasnim, muestra una embarcación del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) participando presuntamente en una operación para interceptar barcos que intentaban cruzar el estrecho de Ormuz, el 21 de abril de 2026. (FOTO: AFP).

Esta fotografía, obtenida por AFP de la agencia de noticias iraní Tasnim, muestra una embarcación del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) participando presuntamente en una operación para interceptar barcos que intentaban cruzar el estrecho de Ormuz, el 21 de abril de 2026. (FOTO: AFP).

Ese pulso, sin embargo, no es completamento nuevo. El periodista y analista internacional Carlos Novoa sostiene a este Diario que este tipo de situaciones “son normales en un enfrentamiento que no tiene una orientación clara de hacia dónde se va con la guerra”. De esta forma, lo que se está observando no es una pausa estratégica planificada, sino una suerte de suspensión en donde ninguno de los dos países ha definido cómo quiere o puede cerrar el conflicto.

Novoa agrega que es evidente que Washington “no ha querido pisar el acelerador, porque si quisiera hacerlo lo haría y acabaría con Irán rápidamente”. Sin embargo, el especialista revela que el costo sería muy alto para la administración Trump, porque para llevar a cabo esa acción se necesitaría una incursión terrestre y eso significaría bajas estadounidenses.

“Se intentó hacer algo, pero Estados Unidos perdió un avión en territorio iraní y un piloto estuvo a punto de ser capturado, y esto obviamente provocó una preocupación y un susto que no quiere correr el gobierno de Trump, porque sería fatal, propagandísticamente terrible que aparezca un soldado, un piloto estadounidenses como rehén de los iraníes”, agrega Novoa.

Desde el lado iraní, la estrategia está orientada a resistir y trasladar el costo de la guerra a nivel mundial. “Irán juega al caos económico. En su estrategia también está que si lo atacan, cierra el estrecho de Ormuz y ataca a los países vecinos, en particular suministros energéticos, afectando la producción de petróleo y de gas, que tardan en ser reparados, amenazando la estabilidad de los mercados internacionales. Estas acciones se sabían desde antes de la guerra. Inclusive, los iraníes lo habían mencionado”, refiere Belaunde.

En tanto, Francesco Tucci, internacionalista y profesor de la UPC y de la PUCP, advierte que en la República Islámica “hay por lo menos dos facciones”, una más radical vinculada al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica o Pasdaran, y otra más pragmática desde la diplomacia. “Estas dos facciones chocan entre sí”, señala, en un contexto donde la línea dura, a la que está relacionado el líder supremo, parece imponerse, reduciendo los márgenes para una negociación diplomática flexible.

Estrategia de desgaste

Lejos de una resolución clara, hasta el momento, el conflicto entre Estados Unidos e Irán ha entrado en una fase donde la resistencia pesa más que la ofensiva. Tanto Washington como Teherán han optado por evitar los costos de una guerra total, sin renunciar a sus objetivos estratégicos. “Aquí lo que está en juego es cómo va a terminar el conflicto, la narrativa, porque ambos quieren demostrar que han ganado la guerra”, señala Carlos Novoa.

En ese marco, la idea de un “limbo estratégico” cobra sentido no como una irregularidad en el conflicto, sino como una fase funcional. Ninguna de las partes quiere ceder primero, pero tampoco asumir los riesgos de una escalada definitiva. Para Irán, esa lógica implica ganar tiempo. “Tiene un poco más de margen de maniobra para jugar a la demora”, explica Novoa, al subrayar que, pese a sus limitaciones militares, Teherán se beneficia de su posición geográfica y de su capacidad de presión indirecta en el estrecho de Ormuz.

Esa presión se articula, sobre todo, en el terreno económico. Como señala Francisco Belaunde, la estrategia iraní pasa por afectar a terceros actores en el Golfo Pérsico. La amenaza no reside únicamente en la confrontación directa, sino en la posibilidad de desestabilizar cadenas de suministro clave. En ese sentido, el conflicto adquiere una dimensión sistémica.

Esta fotografía, distribuida por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán el 26 de abril de 2026, muestra al Ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araghchi (izquierda), conversando con el Sultán de Omán, Haitham bin Tariq, durante su reunión en Mascate. (FOTO: AFP).

Esta fotografía, distribuida por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán el 26 de abril de 2026, muestra al Ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araghchi (izquierda), conversando con el Sultán de Omán, Haitham bin Tariq, durante su reunión en Mascate. (FOTO: AFP).

Sin embargo, esa aparente ventaja no está exenta de fragilidad. Francesco Tucci introduce un matiz importante al señalar que la toma de decisiones en el Estado persa está atravesada por tensiones internas y por el peso creciente de los sectores más duros. Esa dinámica no solo limita la flexibilidad diplomática, sino que también aumenta el riesgo de decisiones más arriesgadas en el terreno militar de parte de los iraníes.

Del lado estadounidense, las limitaciones también son evidentes. Más allá de su superioridad, Estados Unidos enfrenta restricciones logísticas y políticas. “Se ha usado mucho armamento. Se habla de un 40%-60% de municiones de precisión que ya se han utilizado en el conflicto y para reabastecerse necesita tiempo”, advierte Tucci. A ello se suma el factor interno: la necesidad de evitar un conflicto prolongado que pueda afectar la posición de Trump en el escenario político doméstico.

A esto se suma que Trump sí tendría mayor apuro de resolver el conflicto, de acuerdo a Novoa. “Uno para que no se le vaya el tema económico y otro porque cada día que pasa se acerca más a noviembre, por las elecciones de medio tiempo en el Congreso. Si bien es cierto, todavía falta, pero la propaganda le puede jugar en contra. Su idea es que no vuelvan los demócratas, pero para eso no se le tiene que ir el tema económico de las manos y para ello, debe cortar esta guerra en algún momento”, puntualiza.

Duras amenazas

En medio de ese equilibrio inestable en el conflicto, las amenazas juegan un papel central. Donald Trump ha recurrido a una retórica maximalista que incluye desde ataques a infraestructuras hasta advertencias de destrucción masiva de la civilización iraní. Sin embargo, como advierte Carlos Novoa, ese lenguaje forma parte de una estrategia de negociación. “Es parte del estilo que tiene, amenazar con todo para negociar”, asegura.

Francisco Belaunde coincide en esa lectura, aunque introduce un matiz sobre la imprevisibilidad del mandatario estadounidense. “No necesariamente lo va a cumplir”, señala, recordando que el presidente estadounidense combina amenazas con retrocesos, ganándose “el término TACO (Trump Always Chickens Out), esa expresión de que Trump siempre se acobarda”. Esa ambigüedad, lejos de reducir la tensión, contribuye a un clima de incertidumbre donde resulta difícil anticipar los próximos movimientos.

Trump ha elevado el tono con amenazas de gran escala contra Irán, aunque su historial muestra retrocesos tras posturas maximalistas. (FOTO: AFP).

Trump ha elevado el tono con amenazas de gran escala contra Irán, aunque su historial muestra retrocesos tras posturas maximalistas. (FOTO: AFP).

Para Francesco Tucci, el problema radica en los límites del discurso. “Hablar de destruir una civilización entera es peligroso e irresponsable”, afirma, al advertir que ese tipo de retórica trasciende el ámbito militar y apunta a la población en su conjunto. En ese cruce entre lenguaje y acción, el riesgo de escalada se vuelve más difícil de contener.

En paralelo, el factor económico actúa como una presión constante sobre ambas partes. “Es un desastre para ambos”, resume Tucci, al referirse al impacto del conflicto en los mercados y en las economías internas. Mientras Irán enfrenta inflación y escasez, Estados Unidos lidia con el efecto en los precios y el desgaste político que ello implica.

En ese contexto, los esfuerzos de mediación, desde Omán hasta Pakistán, reflejan tanto la necesidad de canales diplomáticos como sus límites. Sin contacto directo entre Washington y Teherán, cualquier avance depende de intermediarios en un entorno marcado por la desconfianza y la incertidumbre. “El brazo a torcer es para Estados Unidos e Irán. Hay que ver que pasa en los próximos días, semanas. Es una situación compleja y es muy difícil hacer previsiones de lo que podría suceder”, finaliza Tucci.

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