Demostrar que los cigarrillos electrónicos son cancerígenos requiere «un consumo promedio durante 15 o 20 años»

Redacción
Los cigarrillos electrónicos nacieron como una alternativa supuestamente más sana a los cigarrillos de tabaco tradicionales. “A lo largo de cerca de dos décadas, el uso de cigarrillos electrónicos ha ido popularizándose en nuestro entorno, ayudado por la capacidad adictiva de la nicotina, la utilización de aromas y diseños especialmente atractivos para adolescentes y jóvenes, y una información que presenta estos dispositivos como si se limitaran a emitir vapor de agua”, comenta Josep María Suelves, investigador del Behavioural Design Lab en el UOC eHealth Center, y vicepresidente del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo. Sin embargo, las principales organizaciones de salud, como la Organización Mundial de la Salud (OMS), han considerado que no son tan inofensivos como se creía, llegando a ser peligrosos para la salud.

El estudioThe carcinogenicity of e-cigarettes: a qualitative risk assessment’, elaborado por un equipo de investigadores de Australia y publicado en la revista Carcinogenesis de Oxford, es una revisión de estudios de diferentes tipos sobre cigarrillos electrónicos desde 2017 hasta 2025. Sus conclusiones muestran que los cigarrillos electrónicos que contienen nicotina probablemente son carcinogénicos para los humanos y causarán un número aún indeterminado de casos de cáncer de boca y pulmón.

Los cigarrillos electrónicos que contienen nicotina probablemente son carcinogénicos para los humanos

“Es difícil todavía aportar datos epidemiológicos del impacto del uso de cigarrillos electrónicos sobre la incidencia y la mortalidad por cáncer porque, como en el caso de otros factores causales de esta enfermedad como el uso de tabaco, es previsible que transcurran décadas desde el comienzo de la exposición hasta que empieza a diagnosticarse un número significativo de casos, matiza Suelves en declaraciones para SMC España. “Hace falta un consumo promedio durante 15 o 20 años para poder demostrarlo”, concreta el Dr. Rodrigo Córdoba, médico de familia, miembro del Grupo de Tabaco de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc) y delegado del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo.

El estudio señala que la carcinogenicidad de los cigarrillos electrónicos es evidente a partir de diferentes tipos de investigaciones. En lo que respecta a los estudios en seres humanos, se incluyen algunos informes de casos sobre el seguimiento de biomarcadores de exposición y de daño que apuntan a la tumorigénesis. Las pruebas fisiológicas de exposición, mediante biomarcadores, revelan daños en el ADN vinculados a metabolitos derivados del vapeo atribuibles a carcinógenos, entre los que se incluyen nitrosaminas derivadas de la nicotina, compuestos orgánicos volátiles, agentes derivados de los aromatizantes y ciertos metales. Los biomarcadores también indican estrés oxidativo, cambios epigenéticos e inflamación en el tejido oral y respiratorio atribuibles al vapeo, a menudo especificados en comparación con el tabaquismo.

Los expertos consideran que se debería regular los cigarrillos electrónicos de la misma manera que el tabaco y cigarrillos tradicionales

En los bioensayos en roedores, estas investigaciones complementarias de laboratorio se han centrado en los aerosoles de los cigarrillos electrónicos y las sustancias químicas que los componen, y en una serie de enfoques para dilucidar los mecanismos. Las conclusiones de estos bioensayos demuestran que la exposición por inhalación de ratones al aerosol de cigarrillos electrónicos es causante de adenocarcinomas pulmonares. De acuerdo con la evidencia científica disponible, Suelves considera que no es adecuado proponer el uso de cigarrillos electrónicos como una estrategia segura y efectiva para reducir los riesgos asociados al uso de tabaco”.

Respecto a las implicaciones, el Dr. Córdoba considera que la regulación debería ser idéntica a toda la estricta regulación que hay con el tabaco y los cigarrillos tradicionales, no hay motivo para una regulación más blanda ni más permisiva”. Por su parte, Suelves recomienda que “es necesario adoptar nuevas medidas para prevenir el inicio de su consumo entre jóvenes y adolescentes, regulando mejor su promoción y comercialización, limitando el uso de aromas y diseños que les confieren un mayor atractivo, evitando la comercialización de dispositivos desechables, y sometiendo a un régimen fiscal adecuado a su impacto negativo sobre la salud pública”. Esta propuesta se basa en los últimos datos de la encuesta Estudes, que revela que, en España, el 26% de los escolares de entre 14 y 18 años han consumido cigarrillos electrónicos.

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