Debía ser un discurso festivo, de buenos deseos de Navidad y Año Nuevo. Pero el pasado miércoles, Donald Trump prefirió usar los 18 minutos que duró la cadena nacional –una transmisión que los presidentes de Estados Unidos solo utilizan en momentos excepcionales– para decir por enésima vez que había recibido un país en ruinas de las manos de su antecesor, Joe Biden.
Hace 11 meses que Trump está al frente de la Casa Blanca, pero el mandatario sigue empecinado en justificar lo que no ha logrado, sobre todo en materia económica, anticipándose ya a la dura campaña que se vendrá el próximo año para las elecciones de medio término, que medirá realmente lo que opinan los votantes sobre la gestión del republicano.
A pesar de repetir lo que suele decir ante su base electoral más incondicional, el del miércoles fue un discurso en el que no estaba cómodo. El presidente leyó el teleprompter, algo que no le gusta, y lo hizo apurado y en tono airado mientras daba una lista de cifras erradas y de datos que fueron el dolor de cabeza de los verificadores. Por ejemplo, que había reducido los precios de los medicamentos hasta en 600%, que había conseguido bajar significativamente la inflación o que el costo de vida era mucho menor que durante el período del demócrata.
Trump sabe que su popularidad está bajando y que dentro de los mismos votantes republicanos hay descontento por el énfasis que ha dado a los conflictos internacionales y no a la situación interna, que es la que termina pesando cuando hay elecciones.
Una reciente encuesta de Reuters/Ipsos señala que el apoyo al republicano ha caído a su nivel más bajo –un 39%– desde que inició su segundo mandato en enero pasado, cuando volvió al poder con una aprobación del 47%. Sus promesas de solucionar todo rápido y de recuperar la “era dorada” de Estados Unidos se han diluido con el transcurrir de los meses, en los que ha estado más pendiente de su guerra arancelaria –cuyo objetivo era doblegar a China, algo que no consiguió– y los varios frentes de conflicto externo en los que ha tenido que negociar.
Otro sondeo de la Universidad de Quinnipiac señala que el 57% de los estadounidenses afirma que Trump es el principal responsable del estado actual de la economía, mientras que el 34% aún culpa al expresidente Biden. Las últimas cifras de desempleo muestran una tasa del 4,6%, la más alta en cuatro años, mientras que el escándalo de los archivos Epstein –el millonario pederasta amigo de Trump– sigue siendo otro dolor de cabeza para el presidente, que podría determinar el rumbo de su mandato y su futuro político.












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