Roberto Sánchez bajo el sombrero, por Isabel Miró Quesada

La retórica roja busca convertir a Roberto Sánchez en el nuevo Pedro Castillo. No solo porque Sánchez ha repetido la “ruta castillista” sombrero en mano, disfrazado del profesor y repitiendo sus arengas y clichés. También porque todo el discurso alrededor del candidato presidencial es una farsa que busca hacerlo pasar por el expresidente.

Sánchez es presentado como el heredero natural del profesor. Y como el nuevo outsider que llega a desafiar al mainstreamlimeño. En esa narrativa se sustenta su flamante empate con Alfonso López Chau en el tercer lugar de las preferencias electorales, según el último simulacro de votación de IPSOS. Y sobre todo su fuerte arraigo en el mundo rural (19.7%) del país.

Pero Sánchez no solo no es nuevo en la política peruana. Sánchez es un viejo conocido, exministro de Comercio Exterior y, sobre todo, actual congresista de la República. Siguiendo la retórica izquierdista, podríamos decir que el congresista Roberto Sánchez forma parte del “pacto mafioso” que gobierna el Parlamento. Y bien podríamos hacerlo responsable de la repartija de poder, del populismo legislativo y de todas las desgracias que se le adjudican a la llamada “dictadura congresal”.

Sánchez es, en cierta manera, todo lo opuesto a Castillo. Votó en abstención en la moción de vacancia del 7 de diciembre del 2022. Y tras el golpe, tomó distancia del lápiz tuiteando que “no puedo por principios democráticos estar de acuerdo con esa decisión”. Tras ello, presentó “su renuncia irrevocable al Ejecutivo”.

Como un tradicional congresista más, Sánchez fue investigado por ‘mochasueldo’ y delitos contra la administración pública. Además, votó a favor de las llamadas “leyes pro crimen”. Y ha favorecido a la minería ilegal y dañado al medio ambiente, como bien lo ha advertido la parlamentaria de izquierda Ruth Luque. Esto a pesar de que, en su discurso oficial, Sánchez asegura defender a los pueblos indígenas.

Encima de todo eso, Sánchez ha apoyado la unión civil de Martha Moyano, votando a la par con el fujimorismo y Renovación Popular en numerosas ocasiones. “Que me traigan el proyecto para firmarlo”, dijo sobre la mentada unión civil. “La tolerancia y el respeto a las minorías deben ser la condición de una democracia”, sostuvo, desde las antípodas al pensamiento conservador y homofóbico de Pedro Castillo. Si hasta se dio el lujo de tuitear a favor de “la lucha histórica del pueblo LGBTIQ+” el pasado 28 de junio, día del orgullo gay.

No sorprende. El huaralino Sánchez es limeño, aunque intente pasar por provinciano. Y es pragmático, como se ve en sus votos con la derecha nacional. Y también en sus fotos con la derecha internacional de un Jair Bolsonaro. Si hasta su socio, Antauro Humala, reconoció la legitimidad de Dina Boluarte con un pifiado balconazo desde la Plaza San Martín. Pero el sombrero aguanta todo y la narrativa busca cubrir la verdadera identidad de un candidato que es representa todo lo contrario a lo que quiso encarnar Pedro Castillo.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *