¿Qué es ser “primer ministro” en el Perú?

Si hasta hace poco el mal llamado “primer ministro” podía ser visto como el segundo a bordo de la nave del poder en el Perú, el presidente José María Balcázar lo ha reducido prácticamente a la nada.

Ya el expresidente José Jerí, transitorio como Balcázar, le restó a este elevado cargo su acostumbrado protagonismo, sumiéndolo en un correcto silencio y en una táctica de inacción, bajo la premisa de que no habría más gobernante que él ni más vocero político que él.

Recuérdese que el ex “primer ministro” Ernesto Álvarez mantuvo un discreto ejercicio en sus funciones, sin pretensión alguna de ganarse la simpatía o aprobación de nadie, consciente, además, como respetado y reconocido constitucionalista, de que en verdad no era más que el presidente del Consejo de Ministros, es decir, para efectos prácticos, un jefe o coordinador de Gabinete.

La abrupta asunción de Balcázar a la presidencia convirtió la codiciada figura de “primer ministro” en su objeto propio de espectacularidad y sobrevivencia. Entendió clarísimamente que con un puesto tan híbrido como el de presidente del Consejo de Ministros que no lo preside o como jefe de Gabinete que no lo ejerce o como “primer ministro” que no gobierna podía hacerse cualquier cosa.

Ser “primer ministro” en el Perú suena ostentoso y falso a la vez, pero hasta las personalidades más cercanas al conocimiento de la realidad política y la historia peruanas terminan, como Hernando de Soto, por creer que en verdad puede ejercerse esa función que, al solo chasquido de los dedos del presidente de turno, puede también desaparecer.

Balcázar jugó indecente y cínicamente con De Soto como “primer ministro” para cubrir de espectacularidad su opaca y controvertida designación como presidente transitorio, tras la vacancia inconstitucional de Jerí por el Congreso. Luego jugó con la “primera ministra” Denisse Mirallesen la seguridad de que su particular habilidad política negociadora podía conquistar el voto de confianza de un Congreso con cada vez más duras resistencias a otorgárselo.

A sabiendas de que Miralles no obtendría los votos suficientes del Congreso para la investidura del Gabinete, Balcázar optó por echarse al bolsillo el voto de confianza, con un recurso hasta hoy pocas veces visto o inédito: hizo que Miralles renunciara de mala manera al cargo de “primera ministra”, reemplazándola con Luis Arroyo, en una recomposición ministerial a la carrera como factor legal y constitucional para extender el plazo del Congreso hacia después de las elecciones de primera vuelta, el 12 de abril.

Así es que la función del mal llamado “primer ministro” o la mal llamada “primera ministra” en el Perú ya no es lo que era. Sencillamente no es nada, hasta que haya la suficiente voluntad política para poner orden y sentido real a la Presidencia del Consejo de Ministros, quizás redefiniendo su papel, como alguna vez lo propuse como Jefatura de Gobierno del día a día, en tanto la presidencia descanse más en la Jefatura de Estado.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *