Ay, Atencio

Hay discursos que, en su afán de sonar indignados, terminan revelando más sobre los prejuicios de quien habla que sobre el país que describe. El reciente paso de Ronald Atencio por el foro de la Sociedad Nacional de Industrias es una joya en este sentido. Escucharlo es como entrar en una dimensión paralela donde el Perú es un terreno abandonado y la Constitución, aparentemente, es un panfleto que solo permite vender caramelos en las esquinas.

Empecemos por su curiosa tesis de la “bicicleta inexistente”. Atencio afirma, con la solemnidad de quien revela una tragedia nacional, que en el Perú no se ensambla ni una bicicleta. Curioso, considerando que solo en el 2025 exportamos US$572.000 en estos vehículos. Pero la ceguera no se queda ahí: olvida convenientemente que Modasa exportó carrocerías de buses por casi US$70 millones en el 2024, o que Honda ensambla en el país el 73% de las motos que vende por un valor aproximado de US$75 millones. Al parecer, para el señor Atencio, las fábricas son como los fantasmas: aunque Ciudad Industrial Huachipa Este albergue a más de 240 empresas y existan los parques industriales de Villa El Salvador y Ancón, él simplemente elige no verlas.

Luego viene el fetiche de la reforma constitucional. Dice que quiere cambiar la Carta Magna porque “solo habla de libertad industrial”. Se nota que el artículo 59, que menciona la libertad de empresa, comercio e industria no lo ha leído completo o está escrito con tinta invisible; porque seguidamente este menciona la necesidad de proveer oportunidades de superación a los sectores económicos que sufren cualquier desigualdad, por ejemplo, promoviendo a las pequeñas empresas. Además, en el artículo 192 también menciona la promoción y regulación de la industria por los gobiernos regionales. En el mundo de Atencio, leer la Constitución completa parece ser un obstáculo para su narrativa de opresión.

Su tour por las “industrias fracasadas” nos lleva a Quillabamba y Puno. Presenta a Quillabamba como el epitafio industrial, cuando en realidad es el corazón cafetalero del sur peruano. El problema no es la tierra, sino la falta de escala y tecnología que atraiga a grandes inversores. Pero, claro, para Atencio, la inversión privada no es una solución, sino el villano de una película de terror que él mismo dirige. Lo mismo ocurre con los quesos de Puno: sobra leche, pero falta organización. Producir es solo la mitad del partido; la otra mitad es transformar y competir, conceptos que parecen causarle alergia al candidato.

Donde la ironía alcanza niveles estratosféricos es en las cifras. Hablar de S/75.000 millones en “sobreganancias” mineras es de una creatividad contable admirable, si uno olvida –claro– restar costos operativos, Capex, impuestos y regalías. Además, en el sistema peruano, cuando las utilidades suben, aumenta la recaudación del Estado. Se estima que el aporte directo al Estado en ese período fue de S/35.000 millones. Al final, la ganancia extraordinaria real del año sobre el que eligió hablar (2021-2022) es menos de la mitad de su cifra mágica.

Y para cerrar con broche de oro, nos dice que somos un “paraíso fiscal” por nuestra baja presión tributaria. Efectivamente, recaudamos poco (16%), pero no por falta de ferocidad de la Sunat hacia las empresas formales, sino porque el 70% de nuestra economía es informal. Para un ciudadano de clase media que paga impuestos y además debe costearse educación, salud y seguridad privada porque el Estado gasta mal (y con corrupción de por medio), la presión real supera el 40%.

Atencio utiliza una lógica fascinante: primero elige la conclusión que quiere creer y luego tortura los datos hasta que confiesen lo que él necesita. Es un canto de sirena con mucho ritmo e indignación, pero que se estrella contra la realidad apenas uno empieza a analizarlo.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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