La situación energética en el Perú atraviesa un momento crítico debido no solo al aumento de precios internacionales por la guerra en Medio Oriente, sino también a una emergencia en la infraestructura de gas natural. Recientemente se reportó una deflagración en la zona de Megantoni (Cusco), lo que generó un desabastecimiento inmediato. Cerca del 40% de la energía del país depende del gas natural, por lo que la reducción del suministro ha obligado a activar la reserva fría, compuesta por centrales que operan con diésel, un combustible mucho más costoso.
Además, se ha restringido el despacho de gas natural vehicular en Lima y Callao, priorizando al transporte público y generando largas colas en los grifos. Varias plantas industriales también han tenido que reducir su operatividad o cambiar a combustibles sustitutos. Aunque el Perú posee una de las matrices energéticas más limpias de la región, aún existe un gran potencial solar por desarrollar.
Esta crisis evidencia problemas estructurales. Una alternativa sería contar con un barco metanero que alimente unidades de regasificación en los principales puertos, lo que permitiría acelerar la masificación del gas fuera de Lima y establecer un plan de respaldo que reduzca la dependencia de derivados importados. Actualmente, el transporte de gas desde Camisea, en la selva, depende de una infraestructura única; cualquier falla deja a Lima y al sistema eléctrico en una posición vulnerable.
Debido a que los precios eléctricos están regulados mediante contratos de largo plazo, el aumento del costo de generación por el uso de diésel no se traslada inmediatamente a los usuarios domésticos. Sin embargo, podrían producirse ajustes en las revisiones tarifarias de 2026. Los usuarios libres, principalmente industrias, son los más afectados porque compran energía a precios de mercado, que aumentan cuando hay escasez de gas.
La medida adoptada era necesaria y urgente para asegurar el abastecimiento de gas natural destinado a hogares, comercios y transporte público. De no haberse aplicado, el reducido volumen disponible podría haber sido utilizado por empresas generadoras eléctricas, industrias y el parque automotor, dejando sin suministro a miles de familias de Lima, el Callao e Ica que utilizan gas natural en sus viviendas.
Esta decisión busca priorizar el uso del gas mientras se realizan las labores de reparación del ducto. Según información preliminar, la empresa operadora estima que el suministro podría restablecerse en aproximadamente 14 días, debido a la dificultad de acceso a la zona afectada. Por ello, resulta fundamental la articulación entre el sector público y el privado para fortalecer la logística que permita cumplir los plazos establecidos. Estas acciones vienen siendo coordinadas por el Ministerio de Energía y Minas (Minem) mediante un comité de crisis.
La emergencia también evidencia la fortaleza y confiabilidad del sistema eléctrico peruano. El gas natural abastece cerca del 45% de la generación eléctrica del país; sin embargo, pese a la contingencia, no se ha producido un corte de luz. Esto se debe a que el sistema cuenta con mecanismos de respaldo para enfrentar este tipo de situaciones, sustentados en un sistema nacional interconectado de transmisión y en centrales térmicas que pueden operar con combustibles alternativos, como el diésel, bajo el esquema denominado reserva fría cuando las centrales hidráulicas o a gas natural entran en emergencia. Este sistema garantiza la continuidad del suministro eléctrico, ya que, en términos energéticos, la energía más cara es aquella que no se tiene.
Asimismo, el conflicto en Medio Oriente impulsa el incremento de los precios del petróleo a nivel mundial, afectando a países dependientes de importaciones, como el Perú. En este contexto, resulta clave transparentar los niveles de stock de combustibles en plantas y grifos, labor que realiza Osinergmin, así como brindar información clara a los usuarios sobre los precios más competitivos mediante la herramienta Facilito.
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