En el Perú, la variabilidad climática —fluctuaciones inusuales de temperatura, humedad y precipitaciones en períodos cortos— y la latente presencia de un venidero fenómeno El Niño representan un reto para los gobiernos, la ciudadanía y las industrias. La afectación es relevante y grave; e impone una rápida reconversión. Por ejemplo, podemos centrarnos en el sector agroindustrial, que ha sido un gestor relevante de exportaciones y un motor económico altamente suceptible. Los factores climáticos pueden representar un riesgo operativo directo.
Fenómenos cada vez más frecuentes, como incrementos de temperatura, vientos y cambios bruscos de humedad, están modificando las condiciones en las que se procesan los alimentos. El país presenta condiciones naturalmente variables. En la costa, por ejemplo, la humedad puede alcanzar el 80%, lo que intensifica el calor en espacios cerrados y favorece la proliferación de microorganismos en productos sensibles dentro de la cadena de producción y conservación.
Este escenario representa un riesgo para el sector agroexportador. En el 2025, el Perú superó los US$15.000 millones en agroexportaciones, con productos como arándanos, uvas y paltas altamente sensibles a estas condiciones, según el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego. Solo frutas y hortalizas concentraron más del 60% de estos envíos, evidenciando la alta dependencia de ambientes controlados.
El problema es claro: a mayor temperatura y humedad, mayor riesgo de proliferación de contaminantes. Por ello, asegurar condiciones ambientales adecuadas es clave para la inocuidad alimentaria y la continuidad operativa. Hoy la tecnología representa un aliado clave que nos ayuda a generar condiciones favorables. La gestión de la calidad del aire se vuelve crítica para eliminar partículas, bacterias, virus y hongos que pueden afectar el producto final. Sin un control adecuado, existe riesgo de contaminación cruzada, pérdidas productivas y afectación a la exportación.
Sin embargo, muchas plantas aún operan con sistemas de climatización tradicionales, enfocados solo en regular la temperatura, lo que resulta insuficiente ante un entorno cada vez más exigente. De manera ejemplar para otros sectores y ámbitos, frente a ello, la industria está avanzando hacia soluciones tecnológicas más integrales que intervienen directamente en la calidad del aire y las superficies, reduciendo significativamente la presencia de contaminantes en ambientes cerrados.
Estas innovaciones se suman al esfuerzo de una industria que exporta más de 500 productos agrícolas a 115 mercados y que debe garantizar estándares cada vez más altos para mantener su competitividad. Es un ejemplo notable, que permite evidenciar cómo se reconvierte una industria en escenarios complejos y se hace sostenible. La tecnología es un aliado para el talento capaz de visualizar oportunidades en los retos en pro del desarrollo integral.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.












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