Elecciones | Roberto Sánchez | Bomba atómica, por Federico Salazar

Hay dos formas de cambiar una Constitución. Echamos al tacho la que tenemos y ponemos otra. O cambiamos de Constitución usando los mecanismos en ella contemplados.

La reforma, además, tiene un bien ganado desprestigio. Los Congresos que hemos tenido en los últimos veinte años han destruido la Constitución desde dentro.

Desde el 2016 se sucedieron mayorías fujimoristas y antifujimoristas. No tiraron una bomba al orden constitucional. Lo petardearon, lo perforaron. Dejaron solo huesitos.

Roberto Sánchez, candidato, no propone cambiar la Constitución, sino cambiar de Constitución. Seguramente tiene una idea de cómo debe ser la Constitución.

Antauro Humala también quiere cambiar la Constitución. Para Sánchez, sin embargo, no debe haber pena de muerte ni fusilamientos (como cree Humala).

Si se convoca una asamblea constituyente, ¿por qué cree Roberto Sánchez que no llegarían ahí representantes de Antauro? ¿Qué seguridad nos da de que, en tal caso, no lleguen constituyentes que quieran fusilar y habilitar la pena de muerte?

Sánchez dice que no tiene nada que ver con Antauro Humala. Sin embargo, un proceso electoral para algo tan decisivo como una constituyente, ¿no abriría las puertas al antaurismo? ¿No rehabilitaría a Antauro Humala?

La democracia no es solo elegir. La democracia es, antes que eso, limitar a los gobiernos por el imperio de la ley. La ley, para ser ley, debe ser universal, clara, abstracta y estable.

La ley es norma abstracta. No asegura un orden en concreto, prediseñado, esculpido por un genio. La ley asegura principios generales, desde los cuales los ciudadanos generan su propio orden, en vez de un genio burocrático.

La propuesta de Roberto Sánchez es mala, desastrosa. Es peor que la perforación fujimorista. Es la bomba atómica contra el orden constitucional.

La reforma permite el ensayo y error. Permite la fiscalización de la ciudadanía, a través del rechazo electoral. Lo hemos logrado, al menos en parte, al no reelegir.

Con una nueva Constitución, no se puede saber qué funcionó y qué no funcionó. ¿Cuál de los artículos fue bueno? ¿Cuál hay que cambiar? Si cambiamos 200 o 300 artículos de una buena vez, tendremos que empezar nuestra experiencia colectiva de cero. ¿Y todo lo que sufrimos para descubrir los errores y los abusos? ¡Al tacho!

A pesar de los malos Congresos, la reforma sigue siendo la vía más democrática, más razonable y menos arbitraria de cambio constitucional.En la idea de cambio constitucional, Sánchez y Antauro son lo mismo.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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