Bueno, a Manuel Pardo, nuestro primer presidente civil –y él llamó a su partido Civil, porque hasta entonces solo habían gobernado militares–, lo eligieron menos de 4.000 personas en 1872. Los votantes no alcanzaban al 1% de la población. Los analfabetos eran como el 85% del total y no votaban, las mujeres tampoco. Solo votaban varones alfabetos con más de 25 años y que tuvieran propiedades o pagaran impuestos. Mucha agua ha corrido bajo los puentes. Yo, la primera elección que recuerdo fue la de 1956. Tres meses antes, Hernando de Lavalle era el gran favorito. Manuel Prado lo madrugó, quitándole durante las últimas semanas el apoyo del Apra y Fernando Belaunde impuso la inscripción de su candidatura con una manifestación en la que recibió un manguerazo. Después, el 62, hubo el veto militar a Haya de la Torre. Se empezó a hablar por entonces de que el electorado estaba dividido en tres tercios. Luego, surgió Izquierda Unida. En 1990, la segunda vuelta, entre Mario Vargas Llosa y Alberto Fujimori, se dio en un ambiente muy polarizado. Ya en este siglo, también, con resultados muy apretados la mayoría de las veces. Pero volviendo a la pregunta, ¿cuándo dejaremos de creer que la vida se nos va en cada elección? Pues, cuando ampliemos la participación ciudadana cotidiana, cuando recuperemos la confianza en nuestras instituciones, cuando recompongamos los partidos políticos, cuando se establezca una verdadera carrera de servicio público. Va a tomar un tiempo aún. Platón dijo que si uno se negaba a participar en política corría el riesgo de ser gobernado por sus inferiores.
—¿Camina el Perú al borde del abismo desde hace 10 años?
Bueno, sí. Solo basta mirar algunos números. Hemos tenido ocho presidentes en una década cuando debimos tener dos. Juraron, en 10 años, más de 170 ministros, 17 ministros de Economía. El problema principal para la población es el de su seguridad amenazada por el crimen organizado. Pero desde el gobierno de Pedro Castillo se han sucedido más de 15 ministros de Interior. En menos de un año y medio de gestión, Pedro Castillo nombró a casi 80 ministros. Es como pretender tocar música con una orquesta en la cual los instrumentistas se van cambiando por quítame esas pajas. U operar a un enfermo con cirujanos que entran y salen por breves lapsos del quirófano y que deshacen lo que el anterior hizo. Hubo ministros que solo se dedicaron a beneficiarse del Estado. La buena burocracia quedó totalmente desmoralizada. Si desde el 2011 hubiéramos crecido al mismo ritmo logrado durante el segundo gobierno de Alan García, el PBI per cápita sería el doble que el actual. Claro, hubo pandemia. Pero hemos perdido demasiadas oportunidades durante la última década.
—Ya en segunda vuelta de una elección compleja, la campaña ha resultado cortísima. ¿Qué cree que deben priorizar los candidatos?
Bueno, hay el debate técnico de esta noche y el de los candidatos presidenciales el próximo domingo. Habría sido útil tener también debate de los candidatos a vicepresidentes. Keiko Fujimori seguramente centrará su propuesta en la recuperación del orden, abarcando no solo la seguridad ciudadana, sino lo requerido para que la economía crezca con más inversión y el desarrollo humano mejore. Roberto Sánchez, según los ejes estratégicos de su plan de gobierno, insistirá seguramente en una nueva Constitución y en un Estado más intervencionista en la economía.
—¿Y qué debe evaluar el elector al momento de tomar una decisión el próximo 7 de junio?
Sus propias prioridades. Según las encuestas, lo que más preocupa al elector peruano es la inseguridad ciudadana y la violencia, el aumento en los delitos de sicariato, extorsión y cobro de cupos. La corrupción constituye la segunda preocupación de la población, especialmente en la Policía y el Poder Judicial. Y, por cierto, hay inquietud por acelerar el crecimiento de la economía y del empleo.
—Los dos candidatos apenas suman el 30% de los votos. ¿Cómo convencer a ese otro 70%, muchas veces harto de la política?
Constituye una falla del sistema electoral que los candidatos que pasan a segunda vuelta no sumen un mínimo de 40% o 50% de los votos, al menos porque ello genera desgano en la mayoría de los votantes respecto de la segunda vuelta. Tal vez convenga cambiar las reglas para que cuando dicha suma no alcance un mínimo, sean más los candidatos que participen. O restablecer las primarias. De los otros candidatos que sacaron una votación significativa, parecería que los votantes de López Aliaga y Álvarez estarían inclinados a votar en su mayoría por Keiko Fujimori, y los de López Chau y Belmont por Roberto Sánchez. El Partido del Buen Gobierno de Jorge Nieto ha logrado un interesante balance en que un tercio de sus votantes se considera de izquierda, un tercio de centro y un tercio de derecha.
“El próximo gobierno debería fijarse metas a alcanzar en confianza interpersonal. Eso es clave”.
—¿El peruano vota por ideologías? Sánchez propone una asamblea constituyente y un modelo económico donde el protagonista es el Estado, mientras que Fuerza Popular plantea orden y estabilidad económica.
Es cierto que son pocos los que votan racionalmente. El componente emocional y psicológico es el que predomina, más ahora con las redes sociales. Hay secuelas de crisis pasadas. Y emociones de todo tipo: miedo, ira, tristeza. El miedo puede convertirse en la emoción más poderosa en una elección. También en tiempos de violencia criminal como la que vivimos, la promesa de seguridad puede impactar. La ira también puede justificar un impulso por cambios radicales, aun cuando sean poco factibles. En tiempos mejores, la esperanza podría constituir también un buen catalizador. Y las redes sociales vienen transformando los procesos electorales. Los debates, por ejemplo, ya no se hacen solo para contrastar las diversas propuestas sino para encontrar la frase, el gesto, que después pueda repetirse en una granja de memes.
—¿Por qué cree que el candidato que reivindica a Pedro Castillo pasó a la segunda vuelta?
Porque Pedro Castillo logró una identificación emocional con su votante y la izquierda fue exitosa en la narrativa de que él no dio un golpe de Estado, sino que el golpe se lo dieron a él. Supo victimizarse bien. El Gobierno de México lo ayudó en eso.
LIMA, 23 de mayo 2026. Entrevista a Felipe Ortiz de Zevallos. (Foto: César Campos / @photo.gec)
/ NUCLEO-FOTOGRAFIA > CESAR CAMPOS
—En esta elección, Keiko apela al modelo que dejó Alberto Fujimori. ¿Le alcanzará?
A pesar del golpe del 5 de abril de 1992, que fue apoyado por las Fuerzas Armadas y la opinión pública, Alberto Fujimori tuvo lo que fue considerado como un buen primer gobierno. Se detuvo la hiperinflación y se controló el terrorismo. Se avanzó con varias reformas económicas que dieron frutos. Tenía una preocupación genuina por los pobres del sector rural. Lo confirma el que en 1995 fuera reelegido con el 64% de los votos contra un candidato tan eminente como Javier Pérez de Cuéllar. Fue principalmente en su segundo gobierno en el cual se procedió a un solapado desmantelamiento institucional orientado a la reelección, vulnerando incluso la misma Constitución de 1993. Pero, el Perú del 2000 resultó un país distinto y mejor en muchos sentidos que el de 1990. Alberto Fujimori cometió delitos que pagó con más de 15 años de cárcel. Keiko Fujimori apela a los méritos del gobierno de su padre, pero también Fuerza Popular se ha constituido en un partido nacional. En la primera vuelta, Fuerza Popular ha ganado en más de 200 distritos en los que no ganó en el 2021.
—¿Será la segunda vuelta una batalla de antis? ¿Podrá Keiko Fujimori superar esta vez el anti? En las elecciones anteriores le ha ganado el considerado “mal menor”.
Va a haber mucho de antis y de miedos, es verdad. Es de esperar que de debajo de esos miedos surja la posibilidad de un gobierno abierto, tecnocrático, que convoque una unidad sobre objetivos esenciales de corto y largo plazo, que permita superar los desafíos y aprovechar las oportunidades, que permita cerrar las grietas del abismo social que subsiste y de un Estado que hoy funciona mal.
—¿El Perú tiene cura?
Sí, si diagnosticamos bien la principal enfermedad que hoy nos aflige que es la desconfianza. El grado de desconfianza interpersonal en el Perú es peligroso. ¿Qué debemos hacer para regresar a índices de confianza similares a los que ya tuvimos? El próximo gobierno debería fijarse metas a alcanzar en confianza interpersonal. Eso es clave. Gobierno y oposición, costa norte y sierra sur, Lima y regiones. León XIV es hoy el peruano en quien más confían sus conciudadanos. Debería el nuevo gobierno invitarlo para que venga a ayudarnos a recuperar confianza.
—¿La reunión entre Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski es esperanzadora?
Me parece un primer paso que ojalá se convierta en tendencia.
—¿Es posible una reconciliación nacional?
Sí es posible. En 1880, en plena guerra con Chile, el gobierno de Nicolás de Piérola cerró El Comercio por sus críticas. En 1895, 15 años después, el Perú sufrió una guerra civil. Murió el 1% de la población de Lima, un montón. Nicolás de Piérola pasó a presidir un gobierno que calificó de reconciliación nacional. Y en 1899, los editoriales de El Comercio elogiaron el orden institucional, la recuperación económica y el establecimiento de la paz que su gobierno había logrado.
“No resulta nada fácil la tarea de los organismos electorales”
—¿Considera que la elección de la primera vuelta ha sido una de las peores que se recuerde?
Hubo irregularidades inexplicables. El proceso funcionó mejor en las regiones que en la capital, lo que no deja de ser sorprendente. Especialmente, por la ajustada diferencia que hubo para el pase a segunda vuelta de un candidato que tuvo en Lima una baja votación. Y hay investigaciones que vienen sugiriendo además posibles actos de corrupción. Ahora bien, la elección de todas maneras iba a ser una muy difícil porque hubo, ¿cuántos en total?, ¡más de 6.000 candidatos! Cédulas de votación con más de 40 cm de largo y ancho, miembros de mesa heroicos que se apersonaron a sus mesas a las 6 a.m. del domingo y que muchas veces recién se liberaron a la madrugada siguiente. Hay que reconocer que toda elección es un proceso complejo, incluso en un club de barrio o para una representación estudiantil. Como mostró la película “Cónclave”, intentos de manipulación hay hasta en la elección del Papa. Y eso que en tales casos son solo cien y tantos cardenales y un Espíritu Santo que uno supondría activo. En la primera vuelta, tuvimos más de 6.000 candidatos y el Espíritu Santo parece que prefirió no opinar.

Integrantes de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) ingresan material electoral, en el colegio Libertador San Martín en Lima, el 12 de abril de 2026. (Renato Pajuelo / EFE)
/ Renato Pajuelo
—¿Qué pueden hacer los organismos electorales para recuperar la confianza de los ciudadanos?
Transparentar y comunicar mejor, para empezar. Si para el sábado no ha llegado el material a los distritos tales o cuales, pues advertirlo y salir a subsanar los contratiempos a tiempo. Identificar a priori qué podría generar sospechas, que podría ir mal, y hacer un adecuado manejo de crisis. Contar con auditorías más respetables. La segunda vuelta con dos candidatos será mucho más simple que la primera con 35. Toda la coordinación se va a simplificar mucho. Creo que volveremos a tener una elección normal. Y ojalá que la diferencia al final no sea de décimas sino de varios puntos, para que la encuesta de boca de urna ya permita sugerir un ganador. Si no, vamos a tener largas vigilias con la población muy enfrentada. En tiempos tan polarizados, no resulta nada fácil la tarea de los organismos electorales. Y nos falta aún las elecciones regionales y municipales de octubre. ¡Ya se habla de 40 candidatos para la alcaldía de Lima! Daría la impresión de un remate de saldos.












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